Miedo, apego ansioso y relaciones

¿Alguna vez te has sentido como si estuvieras atrapado en un sueño del que no puedes despertar? Sabiendo que algo está mal, pero sin poder hacer nada para cambiarlo. Muchas personas llegan a mi consultorio con esta sensación de impotencia. El miedo a la soledad, a lo desconocido, a no ser amado les impide cortar los lazos con una relación que las está destruyendo.

¿Por qué cuesta tanto decir adiós a tu pareja?

relacion con apego ansioso
Foto de cottonbro studio: https://www.pexels.com/es-es/foto/manos-cielo-sombrio-de-cerca-10667753/

Decir que por que no quieren es un error tal vez, de los errores menos humanos que alguien puede cometer. Porque no es que no quieran, sino que, en ese momento no lo pueden hacer de manera satisfactoria. A la falta de pareja se les suman miedos, necesidades y un fortísimo sentimiento de soledad.

La idea de estar solo a menudo se presenta como un fracaso, un destino a evitar a toda costa. Desde pequeños, hemos sido bombardeados con mensajes que exaltan el amor romántico y la importancia de tener una pareja. Películas, canciones y novelas nos pintan un cuadro idílico de la vida en pareja, donde la felicidad se encuentra únicamente en los brazos de otro.

Cuando alguien se enfrenta a la posibilidad de romper una relación, se siente como si estuviera a punto de caer en un abismo. La soledad se convierte en un monstruo aterrador, un vacío insondable que parece imposible de llenar. Y es que, ¿quién nos enseñó a estar solos? ¿Quién nos dijo que estar bien con nuestra propia compañía es una fortaleza y no una debilidad?

La sociedad nos ha condicionado a creer que la felicidad está en la dependencia de otro, pero la realidad es que la verdadera felicidad nace desde adentro. Aprender a disfrutar de nuestra propia compañía es un regalo que nos damos a nosotros mismos. Es la oportunidad de conocernos más profundamente, de explorar nuestros intereses y de construir una vida plena y significativa. Llena de nosotros mismos, la mejor compañía que podemos tener.

¿Qué es el apego ansioso?

El apego ansioso es el tipo de apego que se gesta desde la infancia, en el que la persona no pudo desarrollar confianza plena en sus cuidadores. Imagina ser un niño pequeño que está aprendiendo a caminar. Cada paso es una aventura, pero también una incertidumbre. Si te caes, ¿te levantarán con una sonrisa o te regañarán? Un niño con apego ansioso es como un explorador que nunca está seguro del terreno. Sus padres, en lugar de ser un faro de seguridad, son como una nube que a veces oculta el sol y otras veces descarga una tormenta.

Esta falta de consistencia hace que el niño desarrolle una profunda inseguridad. Se pregunta constantemente si es amado, si es suficiente, si merece ser cuidado. Para protegerse de este dolor, el niño puede desarrollar estrategias de supervivencia como la búsqueda constante de aprobación o el miedo al abandono.

Ahora, pongámonos en la situación de un infante que está descubriendo el mundo. Al no saber como va a reaccionar su entorno, empieza a generar sentimientos de ansiedad, se acelera el corazón, surge el miedo de la incógnita al no saber cuál será la reacción a su acción. Podría perder a sus cuidadores por ese acto, o podría sufrir si se quedan para educarlo. Pero también los reconoce como su principal medio de subsistencia. ¿Qué hace? ¿A quién puede recurrir?

apego ansioso
Apego ansiosos;Foto de cottonbro studio de Pexels: https://www.pexels.com/es-es/foto/conceptual-mirando-a-la-camara-pandemia-cuarentena-3952207

En la edad adulta, estas experiencias de la infancia pueden dejar una huella profunda. Las personas con apego ansioso a menudo tienen dificultades para construir relaciones sólidas y duraderas. Pueden sentir una necesidad constante de validación, celos excesivos o miedo a la soledad. Es como si estuvieran buscando constantemente esa figura paterna o materna que les brinde la seguridad que nunca tuvieron en la infancia.

La forma más sencilla, o mejor dicho, la más natural de actuar es: “No actuar”. No se va a arriesgar a hacer cosas por sí mismo, porque puede terminar en un regaño, poner en riesgo esa primera relación importante que tiene con sus progenitores ¿Qué tal si se enojan y le abandonan? ¿Cómo sobrevivirá en el mundo sin ellos? Mejor, no arriesgarse, no aprender a perderlos.

Y es así como este comportamiento, se fija para su futuro. En dónde, al encontrar a alguien con quien compartir, más que enfocarse en disfrutar plenamente de una relación, se preocupa por no perder a esa persona, de la misma manera que no quería perder a sus padres. Y por no perderla, porque no se anima a explorar otros ámbitos por miedo a fracasar, prefiere quedarse y sufrir lo que venga.

Miedo a la soledad

Soledad
Soledad; Foto de Recep Ürgen de Pexels: https://www.pexels.com/es-es/foto/soledad-en-el-historico-hasanpasa-inn-de-diyarbakir-29238252

Todos hemos sentido esa punzada de soledad en algún momento de nuestras vidas. Es como estar en una habitación llena de gente, pero sentirnos completamente solos. Pero ¿y si te digo que la soledad también puede ser un regalo? Un momento para reconectar contigo mismo, para descubrir quién eres realmente y qué es lo que te hace feliz. Al igual que necesitamos recargar nuestro teléfono móvil, también necesitamos recargar nuestra energía emocional. Y a veces, el mejor lugar para hacerlo es en nuestra propia compañía.

Cuando hablamos de soledad, creemos que es un gravísimo error. Un fallo a la naturaleza humana que nos dice, en palabras de Aristóteles que debemos ser sociales y estar acompañados por naturaleza humana.

Pero seamos sinceros, solos, solos, no podemos estar. Aunque lo intentemos. El miedo a la soledad, surge de la incomprensión de la misma. Esta incomprensión que surge de la falta de experiencia en la misma. Porque vemos a la soledad como un aislamiento total de todo y de todos. Pero en verdad, es un acercamiento más real con nosotros mismos, en el que nos podemos escuchar, comprender y conocer. Y después de conocernos, disfrutarnos.

Y piénsalo bien, ¿Quién te puede escuchar mejor y seguir una plática sino tú mismo? Conoces tu humor, sabes tus temas, tienes intereses iguales. La cosa es que no sabemos platicar con nosotros, porque no lo hacemos, y porque nos gusta platicar de nosotros, con nosotros, pensando en las expectativas, antes que en las realidades.

Intenta hacer este ejercicio. Cuéntate a ti mismo cómo te fue el día de hoy. Para esta lectura un par de minutos, hazlo y retómala al terminar.

¿Cuánto tiempo duraste antes de decirte una mentira o empezar a contarte del futuro y pendientes? En todo caso, si te mantuviste en el tema de cómo te fue hoy ¿Cuánto duró esa conversación?

La incapacidad de convivir con nosotros mismos, es la que nos hace tener miedo a la soledad, porque somos un agujero negro de conocimiento. Un territorio que nadie ha explorado. Así pues, debemos de iniciar esta exploración casi de forma inmediata para que, no busquemos que alguien más llene ese hueco con sus sueños, tratos o maltratos, sino que valoremos ese espacio, como lo más sagrado, es el espacio en donde estamos nosotros mismos.

Cómo se une el apego ansioso y el miedo en una relación

relación con apego y miedo
Foto de Matthias Zomer de Pexels: https://www.pexels.com/es-es/foto/persona-sosteniendo-una-pelota-antiestres-339620/

Cuando nosotros encontramos un hueco en nuestra personalidad, nuestra mente sabe que debe de estar lleno, sabe que algo o alguien lo debe de ocupar. Así que empieza la selección de pareja. Debes de saber que, cuando no hay un verdadero conocimiento de nosotros mismos, claramente no sabemos que nos gusta, pero si sabemos nuestro pasado. Y terminamos escogiendo lo que nos resulta conocido. Un modelo a escala de la relación que tuvimos con nuestros padres.

Si con nuestros padres encontramos algunas deficiencias, esta pareja que llega dice, quítate que ahí te voy y las explota. Y le damos toda la facilidad de hacerlo, porque es algo a lo que ya estamos acostumbrados. Nos acostumbramos a soportar el abandono, el maltrato, los celos, las peleas. Pero no nos acostumbramos a poner límites, a hablar francamente, a no soportar y dejar ir.

Así pues, cuando estamos disgustos con la relación y queremos dejarla y salir de ese pequeño infierno en el que nos metimos, no encontramos la forma de realizarlo de una forma satisfactoria. Y terminamos regresando una y otra vez al mismo individuo, a la misma situación al mismo maltrato.

¿Entonces Cómo empezar a sanar?

Superar una relación tóxica es como emprender un viaje hacia el autodescubrimiento. Es un camino que requiere paciencia, valentía y mucho amor propio.

Primero, se con doliente de ti mismo. Reconoce que lo que estás por hacer, es un esfuerzo considerablemente difícil. No cualquiera toma la decisión de mejorar por y para su bienestar. Y muchas veces lo haces con herramientas que no se te dieron en tu formación primaria. Tu situación es tuya, y tu camino, no lo define nadie.

Reconoce tu valentía: Estás dando un paso importante al decidir cambiar tu vida. Celebra cada pequeño logro, por más insignificante que parezca.

Conócete a ti mismo: Dedica tiempo a explorar tus pensamientos y emociones. Escribe en un diario, practica la meditación o simplemente siéntate en silencio y observa tus pensamientos. Aprender a conocerte mejor te permitirá tomar decisiones más conscientes y alineadas con tus valores.

Intenta constante y arduamente. Y cada vez más intensamente, platicar contigo, convivir con tus verdaderos sentimientos, gustos y pensamientos. Cada vez con menos prejuicios y expectativas. Pero si, con más ánimos y experiencias.

Rodéate de personas positivas: Busca el apoyo de amigos y familiares que te inspiren y te animen. También puedes unirte a grupos de apoyo o buscar un terapeuta para hablar sobre tus experiencias.

Cuida de ti mismo: Prioriza tu bienestar físico y emocional. Come saludable, haz ejercicio regularmente y asegúrate de descansar lo suficiente.

Celebra tus logros: Cada paso que des te acerca a una versión más sana y feliz de ti mismo. Celebra tus logros, por pequeños que sean

El camino a recorrer lo estás empezando casi de cero. No es una carrera de velocidad, es un paseo de disfrute, de placer. De reconocimiento de cada paso. Toma tu tiempo y disfruta cada segundo del recorrido. El camino del autoconocimiento es uno que se extenderá hasta el último de tus días. No quieras llegar ya, sino disfrutarte en el proceso.

Recuerda: este es un proceso gradual. No te compares con los demás y sé paciente contigo mismo. Con cada paso que das, estás construyendo una vida más plena y satisfactoria.

Si quieres profundizar en más temas como este, te recomendamos:

Conoce nuestros servicios

Servicios Psicológicos